Doble Blockhaus, Etna o Marmolada serán jueces de un Giro con final en crono en Verona

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La 105ª edición del Giro de Italia arranca este viernes con una ‘Grande Partenza’ desde Budapest (Hungría) y con un final ya bastante conocido en Verona, con una contrarreloj con ascensión que pondrá punto final a una ‘corsa rosa’ de casi 3.450 kilómetros que contará con colosos históricos y otros que buscan serlo como el Etna, la Marmolada y un doble paso por el Blockhaus.

Un total de 3.445,6 kilómetros para un promedio de 164,1 kilómetros por etapa con 50.580 metros de altitud acumulada; así es este Giro 2022. La salida, esa ‘Grande Partenza’, serán tres etapas en Hungría. La primera, será llana con salida en Budapest y llegada al castillo de Visegrád, con ascensión en sus últimos 5 kilómetros y rampas de hasta el 8 por ciento.

La capital húngara acogerá en su totalidad la segunda etapa, el 7 de mayo, con una contrarreloj indivudal de 9,2 kilómetros con un desnivel de 150 metros. Una crono urbana que une la capital húngara desde Pest hasta el centro histórico de Buda, con un tramo final con picos al 14 por ciento de pendiente antes de llegar a la plaza de Buda. Por último, en la tercera etapa, el pelotón partirá de Kaposvár y llegará a Balatonfüred en una etapa llana, la primera para velocistas.

Italia acogerá su ‘corsa rosa’ a partir de la cuarta etapa –con excursión posterior a Eslovenia–, tras un obligado día de descanso y de traslado. Pero será un regreso especial de etapa ‘4 estrellas’ entre Avola y el Etna, el famoso volcán que será final de una etapa de 166 kilómetros que culminarán en casi 40 kilómetros de ascensión prolongada, con una aproximación inédita por Ragalna y tras pasar, como en el Giro 2011, por el clásico Nicolosi antes de los últimos 14 kilómetros hasta la cima volcánica.

La del Etna será una de las seis etapas consideradas de alta montaña. Los Apeninos también tendrán mucho peso en este nuevo Giro, y la doble subida a Blockhaus –donde se consagró Eddy Merckx– será una de las llegadas más duras. Desde Pretoro se llegará al Passo Lanciano y luego se subirá a la meta desde Roccamorice, como en 2017, con pendientes de dos dígitos en curvas cerradas y duras como pocas.

Pese a no tener un final en alto, la etapa entre Salò y Aprica será histórica. Y lo será por subir el Goletto di Cadino –ausente desde 1998 y feudo de Pantani–, el siempre exigente y necesario Passo del Mortirolo y una subida a Santa Cristina donde en el pasado se vio un duelo Pantani-Indurain que quedó para los anales de la historia.

La etapa entre Ponte di Legno y Lavarone puede ser atractiva por su recorrido atípico, dividida en dos partes montañosas y con una subida de inicio, nada más bajarse la bandera. Un largo descenso llevará al pelotón hasta el segundo tramo, con tres puertos y un final picando hacia arriba.

Se subirá en esta etapa el paso de Vetriolo por un lado que no se ve y la subida de Menador, con sus curvas cerradas y túneles típicos de las carreteras excavadas en la roca por motivos bélicos, así como el puerto de Monte Rovere previo a una llegada donde sólo llegarán en cabeza los más fuertes.

No faltarán a la cita los Dolomitas, que tendrán una etapa para quitar el hipo entre Belluno y Marmolada con 4.500 metros de desnivel acumulado. Será un último tríptico de subidas con el Paso de San Pellegrino (pendientes de más del 15 por ciento después de Falcade), seguido del Paso Pordoi (Cima Coppi 2022, la cima más alta de todo el recorrido o ‘percorso’) y, finalmente, el Paso Fedaia con la famosa Malga Ciapela de frente en la Marmolada, ausente 14 años en el Giro y que siempre tiene pendientes de más del 10 por ciento y llega al 18 de máxima.

La Marmolada será el último final en alto en la montaña, pero este Giro de Italia presenta entre sus puntos fuertes un ‘Grande Arrivo’ que podría darle la vuelta a la clasificación y cambiar el propietario de la ‘maglia rosa’. Si la general está en un puño antes de la etapa final, éste cobrará aún más relevancia con una crono de 17,1 kilómetros con un puerto en su ecuador y meta ante la Arena de Verona.

Los corredores se medirán en esta última etapa a un recorrido por las calles de Verona que incluye una subida al 5 por ciento de pendiente media y «escalones» con grandes rampas, que dará paso a 4 kilómetros de descenso para afrontar unos últimos 3.000 metros por la ciudad, hasta la llegada en la Piazza Bra y la Arena. Será la quinta vez que el Giro termine en Verona, tras las anteriores ediciones de 1981, 1984, 2010 y 2019.