El equipo de rugby formado por presos de las cárceles mendocinas

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Los Caciques son el primer equipo de rugby de Mendoza conformado por personas privadas de libertad. Todas las semanas, 320 jugadores de todos los complejos y unidades penitenciarias de la provincia salen a la cancha junto a 14 entrenadores voluntarios que tienen como eje valores fundamentales: humildad, solidaridad, pasión, respeto y disciplina.

“A veces se habla mucho de reinsertar a las personas. Pero la verdad es que trabajando con Los Caciques te das cuenta de que hay sectores de la sociedad que nunca estuvieron ‘insertos’. Por eso intentamos que conecten con un horario, una forma de hablar entre sí, un capitán que sea referente. Y todo esto a través de un deporte de altísimo contacto”, resume Guillermo “Memo” Seguí, entrenador y uno de los líderes del proyecto.

¿Incluso en pandemia? Claro que sí: “cuando empezó todo esto se suspendieron las actividades en las cárceles. Como el proyecto se trata de los vínculos, le pusimos fichas a realizar colectas para ayudar con alimentos a las familias de los jugadores. Además, armamos un correo solidario: cartas escritas a mano por voluntarios que luego son respondidas por el equipo. En este momento este correo sigue abierto y la gente puede sumarse con más cartas para Los Caciques“.

Poco a poco, las restricciones se fueron flexibilizando. “Hoy entrenamos lunes, martes, miércoles y viernes, en los diferentes penales, durante dos horas. Y no tenemos apoyo económico. Esto es todo a pulmón”, describe el entrenador.

Foto: Servicio Penitenciario.

Vencer los estigmas

En tiempos donde el rugby ha sido golpeado por episodios lamentables -desde el asesinato de Fernando Báez Sosa hasta los comentarios fascistas del ex capitán de los Pumas: Pablo Matera, Los Caciques aspiran a recuperar la identidad que puso su sello de origen al deporte.

“Esos hechos —admite Seguí— le han hecho mucho mal al rugby. Desde 2016, cuando arrancamos esta idea, nosotros vamos por la esencia de lo que practicamos, que se resume en recuperar valores”.

Y la prueba está en que, desde el abordaje que proponen Los Caciques, los efectos son evidentes. “Creíamos que al entrar a las cárceles nos íbamos a encontrar con pura hostilidad. Sin embargo cuando los grupos vieron que esto va en serio, todo empezó a fluir“.

Uno de los jugadores salió en libertad. Quiso tomar un colectivo y no sabía usar la tarjeta SUBE: en la época en que cayó preso, los colectiveros todavía picaban boletos

Espíritu de equipo

Para ser “cacique”, en primer lugar, hay que tener excelente conducta,  asistir a la escuela en cualquiera de los tres niveles que se dictan, ya sea primario, secundario o universitario y, por último, participar en algún taller laboral. Hay convenios de trabajo con YPF y un lazo muy fuerte con otro equipo de las cárceles, los Espartanos.

Los Espartanos son un equipo amigo.

Memo dice que además del entrenamiento físico, Los Caciques cuentan con un rugbier/sacerdote -el jesuita Marcos Alemand- que les da apoyo espiritual.

Y el ser cacique no se agota con el fin de la condena. “Si los jugadores salen en libertad, tratamos de acompañarlos en tres ejes: trabajo, familia y educación“.

Ya son varias las experiencias de rugbiers que comenzaron a entrenar en la cárcel y siguieron en contacto desde su casa o su barrio. El entrevistado sintetiza: “Hay que estar con ellos para ver lo complicado que es salir. El otro día, uno me comentó que no sabía cómo usar la tarjeta SUBE, porque cuando cayó en cana el colectivero todavía picaba los boletos. Otro iba por la calle después de muchos años y dijo ‘che, cuántos autos chilenos que hay’. No sabía que ahora las patentes argentinas son blancas. A partir de esos detalles, uno puede imaginarse lo desafiante que debe ser volver a un barrio, a una familia o a un empleo”.