Champions League

Krasnodar 1-2 Sevilla: Munir da al Sevilla el pase a octavos

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on telegram
Share on whatsapp
Share on email
Share on print

El Sevilla certificó su clasificación matemática para los octavos de final de la Liga de Campeones tras imponerse este martes por 1-2 en su visita al Krasnodar ruso, en un partido con una mitad para ambos equipos y decidido por un gol de Munir en el último minuto del descuento.

Julen Lopetegui se marchó con una sonrisa esta vez de la localidad rusa, donde en junio de 2018 tuvo que dejar de forma abrupta la selección española, aunque quizá algo descontento por la segunda parte de su equipo, mejor en la primera, pero superado en la reanudación.

Y es que el equipo sevillano sudó la victoria en Rusia y todo hacía indicar que se llevaría un punto, también válido entonces para estar en los cruces de la Champions por la derrota del Rennes ante el Chelsea. Con el partido agonizando y prácticamente ‘roto’, Munir acertó a ‘cazar’ un balón en el área pasado el minuto 94 y dar tres puntos que le permitirán jugarse la primera plaza del Grupo E la semana que viene en el Pizjuán ante los ‘blues’.

El Sevilla salió bien plantado al Krasnodar Stadium, ayudado en buena parte por el esquema por el que apostó Julen Lopetegui, con Gudelj como tercer central, y Escudero y Ocampos como carrileros. Esta novedad, además, tuvo el refuerzo del tempranero gol que terminó por asentar a los sevillistas, que supieron manejar desde ese momento muy bien el choque.

Una pérdida del conjunto ruso fue aprovechada por Ocampos para progresar por el lado derecho y meter un centro, despejado por la zaga rival, pero que le cayó a Ivan Rakitic. El croata, un especialista en este tipo de balones, enganchó con calidad y a bote pronto el rechace para convertir el 0-1 y poner el partido muy de cara para los suyos.

El tanto no hizo reaccionar a los locales, a los que les faltó calidad para llevar el mando del choque y para crear peligro en las inmediaciones de Vaclik, pese a contar con el plus del apoyo de sus aficionados desde la grada. Fernando, Rakitic y Óscar Rodríguez, otra de las novedades, y los tres centrales, desactivaron cualquier intento ofensivo, mientras que el conjunto hispalense se mostró más amenazante, aunque tampoco sin ser excesivamente incisivo.

Reacciona el Krasnodar

Aún así, Munir y Diego Carlos tuvieron las dos mejores opciones de estos primeros 45 minutos, pero tanto el lanzamiento desde fuera del área del marroquí como el cabezazo del brasileño se fueron cerca, pero desviados de la portería de Gorodov. El Krasnodar mejoró algo en el tramo final, aunque únicamente tuvo como aportación un flojo lanzamiento de Suleymanov.

Sin embargo, el equipo ruso se rehizo tras el paso por vestuarios y mejoró ostensiblemente en el segundo acto, al menos en lo que a sensación de peligro se refiere. Claesson avisó de inicio con otro disparo sin problemas para Vaclik, pero fue Cabella el que tuvo la más clara para empatar tras robarle un balón a un confiado Gudelj y encarar y regatear a Vaclik. Cuando el francés saboreaba el gol, apareció fulgurante Koundé para lanzarse y tocar lo justo el balón para desviarlo al palo.

El mayor ímpetu ruso no fue aplacado por el Sevilla y los locales encontraron su premio a su mejoría poco después por medio de Wanderson, que empató en la jugada posterior a una buena ocasión de De Jong. El partido había cambiado y Lopetegui tiraba de su banquillo para buscar soluciones, con Jordán y Óliver Torres por Óscar y Rakitic, además de la obligada entrada de Rekic por el lesionado Escudero, que motivó el cambio a la defensa de cuatro.

Pero ahora el Krasnodar el que mandaba y merodeaba con muchos jugadores y asiduidad el área sevillista. El equipo andaluz optó por refugiarse y buscar la contra como mejor opción, apoyado en la frescura que trajeron En-Nesyri e Idrissi. El partido se rompió en su tramo final en una ida y vuelta que finalmente se decantó del lado visitante, con el tanto de Munir en el último suspiro, aunque el equipo ruso aún tuvo tiempo para meter miedo una vez más.